| ENTREVISTA |
P: Contáme qué estás haciendo ahora como Terapeuta
R: Lo que hago como terapeuta está directamente
relacionado a mis procesos internos y el vivir en San Marcos tiene
mucho que ver. Cuando llegué aquí, a fines del '87 me encontré con
situaciones muy nuevas para mis condicionamientos y entre ellas la
dificultad de ejercer como psicóloga, no porque no hiciera falta o
porque mi consulta fuera inaccesible económicamente para los demás. Se
me planteaba una verdadera incógnita, porque me había podido desempeñar
profesionalmente en otros países, como Suecia, México y Ecuador y a
pesar de que los comienzos siempre son difíciles en cualquier lugar,
pasado un tiempo me podía ubicar laboralmente. De manera que tenía una
cierta confianza respecto a mis posibilidades de ejercer. Pero aquí no
ocurría lo mismo. En una zona rural cualquier profesional especializado
tiene posibilidades de trabajo. De a poco me iba dando cuenta que no
era un momento personal para ejercer, para ayudar a otras personas,
para orientar sus vidas, porque en mí estaba ocurriendo una especie de
metamorfosis. Venir de la ciudad, del extranjero, a un pequeño pueblo
de las sierras, implicaba una revisión de todo. Pasaba el tiempo y mi
trabajo como psicóloga era ínfimo. Mi persona estaba como en una
licuadora. El estar inmersa en la naturaleza, haberme hecho vegetariana
, y conocer a Sai Baba me cambiaba todos los abordajes y las vivencias.
Esta "gran mudanza" parecía necesitar -me sin otra actividad más que yo
misma como objeto y sujeto de observación y cambio. El problema
económico que significaba no tener entrada de dinero, contribuía
enormemente en este proceso. Me obligaba a una alimentación controlada,
exenta de harinas, de leche, a base de arroz integral que depuraba el
cuerpo y la mente. Aparecían situaciones económicas favorables en forma
esporádica que apenas permitían la sobrevivencia. En todo esto se
sentía la mano del Maestro. Fin del año 90 viajo a India para estar
ante la presencia física de Sai Baba, y al volver me doy cuenta que
estoy viviendo una profunda transformación, varias vidas en una sola.
Durante la estadía en el Ashram y en mi relación interna con Sai,
comienzo una tratamiento que nunca antes había hecho y que consistía en
lo que yo llamaría "pensar con el corazón". Este proceso personal, las
vivencias, las tomas de conciencia que voy experimentando, van
definiendo otra forma de relación conmigo misma y con los demás. Puesta
en el contexto terapéutico, voy cambiando también el enfoque, la forma,
todo. Surge en mi la necesidad de evitar presuposiciones,
interpretaciones, diagnósticos, en fin teorías. Esta nueva actitud
tenía mucha relación con lo que había experimentado en el Ashram.
Sentía que Sai me había "roto la cabeza".
P: ¿Cómo es eso?
R: Cada vez que mi mente pensaba algo presuponiendo en
base a mis conocimientos o condicionamientos, hechos que se suscitaban,
desvirtuaban mis presuposiciones. Esto me ocurría sistemáticamente.
Todo lo que pensaba no era, todo lo que la mente anticipaba no se
cumplía. Llegó un momento en que me dije:-no quiero pensar más. Me
sentía traicionada por mi propia mente. Cada vez que la mente hacía un
juicio interno por mínimo que fuera, la experiencia inmediata se
encargaba de invalidarlo. Así fue como llegué muy sensibilizada con
esto de usar la lógica ,la racionalidad tanto en las teorías como en lo
cotidiano.
P: ¿Cuál era tu formación como psicóloga?
R: En lo que respecta a la formación profesional
recibida , he sido muy fiel al psicodrama Moreniano. Tuve en mis
comienzos una formación psicanalítica importante, como también y en
forma posterior, de otras escuelas como la Guestáltica y Sistémica P: A
quiénes considerás como maestros en tu formación como psicodramatista?
R: Conocí el psicodrama en el año '71 con Rojas Bermúdez, hice talleres
con Bouquet, Dalmiro Bustos, a quien considero especialmente como
maestro , y recibí entrenamiento de Zerka Moreno en Estados Unidos, en
el Instituto Moreniano de Beacon, estado de Nueva York.
P: ¿Esa
formación ya no te servía?
R: Todo sirve siempre, pero las nuevas experiencias de
vida, las migraciones de países y lugares, me pedían otro enfoque, algo
totalmente nuevo. No podía seguir aplicando lo que había aprendido. La
vida en un pequeño pueblo como San Marcos Sierras cambiaba los
encuadres. Algo me decía: Vacíate de todo contenido. Nada de lo que
había aprendido me servía en ese momento. Lo que sí me servía era todo
lo nuevo que estaba viviendo, siempre y cuando no lo quisiera encuadrar
en lo que sabía. Entonces comencé a escuchar a mis pacientes, desde un
vacío mental, sin condicionamientos teóricos, hasta que en un momento
de la consulta y en forma natural comienzan a surgir ideas,
conocimientos respecto de la otra persona, que no son fruto de ninguna
especulación, ni razonamiento basado en alguna tendencia del
pensamiento, para mí misma es nuevo, creado desde una instancia no
mental. La diferencia que observaba con la forma anterior , era que
antes escuchaba con una intención, encajando la práctica a la teoría,
ahora mi necesidad de vacío mental, de no presuponer, de no responder a
estímulos, hacía que recurriera a una guía interna a la que de alguna
manera me abandonaba y confiaba, para que desde ese lugar se produjera
un conocimiento que le sirviera a la situación planteada por la persona
que consultaba.
P: ¿Podría ser la parte espiritual o sagrada de uno
mismo?
R: Claro, pero en ese momento no lo hacía desde ese
pensamiento, sino desde la necesidad de innovar, de comprender todo
desde otra perspectiva.
P: Era la
primera vez que te cuestionabas y cambiabas tu enfoque terapéutico?
R: No, en realidad iba conociendo corrientes y
entrenándome con las que me identificaba. Pero esto era distinto no
había una nueva corriente o tampoco quería adoptar una nueva. En
realidad comenzó años atrás, en el '85 cuando regresé de vivir en el
extranjero, una nueva crisis personal debía enfrentar. Las situaciones
que surgían en mí no eran comprendidas por la psicología que yo misma
practicaba Parecía haber llegado a un punto de mi búsqueda de
mejoramiento personal que desde lo que conocía no podía ser satisfecha.
P: ¿Por qué?
R: Porque en un momento me di cuenta que quería
aprender a estar conmigo misma. Hice consultas, y los especialistas, es
decir buenos psicólogos, no me pudieron ayudar. La psicología que yo
conocía, lo remitía a un conflicto, a bucear en experiencias del
pasado. Desde una y otra técnica no me sentía comprendida. P: ¿Qué
hiciste entonces? R: Decidí buscar por mí misma. Aparecieron los
teósofos, especialmente Khisnamurti y Annie Bésant, segunda presidenta
que tuvo la sociedad teosófica en occidente. Ellos trajeron los Vedas,
las escrituras sagradas de la India, a occidente. Krihnamurti era hindú
y Annie Bésant, inglesa, quien lo descubrió en India, constituyéndose
en su madre espiritual. P: ¿Qué dicen los teósofos? R: Los que llamamos
" teósofos", son los que traen de Oriente a Occidente, sus
conocimientos metafísicos, esotéricos, místicos, o como queramos
llamarles. Con ellos se opera en mi un cambio existencial. Después
viene mi trabajo espiritual la apertura a otros mundos o dimensiones
del ser. Así también aparece Sai Baba y sus enseñanzas, en las que me
concentro y dedico a poner en práctica aprovechando la austeridad de
vida y el contacto con la naturaleza que me ofrece San Marcos . Mis
hijos, que en ese entonces tenían 11, 16 y 18 años hacen lo mismo y en
común acuerdo establecemos una vida organizada y disciplinada orientada
al control de los sentidos, la devoción y el servicio. El profundo
cambio que vamos logrando va afectando cada vez más la práctica
profesional y voy descubriendo en la experiencia propia, cómo el
vínculo con el paciente es lo que determina la efectividad terapéutica.
Como la autoindagación, el descubrimiento del propio Ser, es lo que
verdaderamente ayuda a otro. Las teorías, o técnicas que se empleen son
secundarias. Lo importante es la propia transformación, es el trabajo
que el terapeuta hace consigo mismo. Es decir la propia claridad y
verdad es la que permite la clarificación de otro. La vocación de
servicio, el deseo de servir , es lo que posibilita la curación. Si
esto no existe en una real dimensión, toda consulta o tratamiento no
pasa de ser un paliativo. Cuando abrimos los canales del Ser, cuando la
compasión nos invade, y el deseo de ayudar es auténtico y
desinteresado, ayudamos efectivamente al paciente
P: ¿Cómo
se compatibiliza la actitud de la que hablás con los altos honorarios
que a veces tienen psiquiatras y psicólogos?
R: Un terapeuta debe de considerar su honorario como
lo que le permite subsistir, no enriquecerse. El verdadero motivo de su
trabajo es contribuir a que la persona que sufre deje de sufrir.
P: ¿Existe alguna psicoterapia que permita esto?
R: La terapia más efectiva es la que contribuye a que
la persona se encuentre consigo misma. El terapeuta es un agente de
cambio, su función es ayudar al desarrollo de la autoconciencia y la
autoindagación, únicos caminos para una verdadera curación. P: ¿Tiene
algún nombre en particular tu terapia? R: La llamo: "Psicología de la
Aceptación". La aceptación de nuestra luz y nuestra sombra.
P:
¿Considerás que los que se dedican a la psicoterapia deben de llevar
una forma de vida especial?
R: El terapeuta debe de haber logrado una cierta
plenitud en su vida interna, que la trasmitirá en el vínculo, ese
contacto es lo que ayudará a su paciente, el enfoque que el terapeuta
utilice plasmará la terapia, pero la efectividad de la misma la
determina su condición o salud física, emocional y espiritual.
P: La mayoría de los psicólogos tienen fama de ser
ateos. ¿Es así?
R: Fui atea 15 años de mi vida, la psicología influyó
mucho en este absurdo ateísmo, que no era otra cosa que engreimiento
intelectual. Por mi parte puedo decir que encontré lo que buscaba,
cuando reconocí la existencia de un Creador, y ese descubrimiento me
llevó a un profundo cambio de vida. Lo importante en una terapia, y en
particular en la que practico, no es el reconocimiento de la existencia
de Dios, sino el descubrimiento de la propia esencia, de la cual la
personalidad es el vehículo. Para ello necesitamos desarrollar el
Discernimiento como herramienta para las elecciones y los caminos que
la vida plantea; volver a los Valores Universales. Hacernos concientes
de que la salud y el bienestar están directamente relacionados con los
alimentos que ingerimos, con todo lo que permitimos que entre por los
sentidos. Esto es lo que nos lleva al reconocimiento de esa esencia,
ese Ser que es uno y el mismo a los 15, 30 o 60 años de edad.
Reconocernos en una identidad que todos tenemos, y que se parece mucho
a eso que nos tramite el niño pequeño, puro, recién nacido. Recordar a
veces que seguimos siendo ese mismo niño que podemos ver en alguna foto
del pasado, nos testimonia ese Ser, esa esencia.
P:
Respecto de tu trabajo, es curioso que en un pueblo como este la gente
vaya al psicólogo, no?
R: Se podría pensar que sí porque es una zona rural,
pero hay mucha inmigración en este pueblo, de personas que buscan, y el
nativo de a poco va tomando conciencia de la necesidad de consultar
cuestiones que antes no se tomaban en cuenta, como es el sufrimiento
psicológico. Durante dos años atendí gratuitamente en el Dispensario
local, al principio los paisanos, se preguntaban para qué atendía una
psicóloga. No pasó mucho tiempo en que comenzaron a consultar y a darse
cuenta que uno puede cambiar ciertos "males", que el abrirse a otro, en
este caso el terapeuta, puede ayudar a esclarecer y ver algo que
parecía sin solución, como un camino de superación y crecimiento. Los
seres humanos sufrimos no porque vivamos en grandes ciudades y
alienados, este es un extremo de la sociedad de consumo, sino porque
los hábitos de vida, fruto de una cultura o modas, han dejado al hombre
de lado y en su lugar está las necesidades materiales de un sistema.
Hoy el cable, la televisión y los videos llevan todo esto a las
intimidades de un hogar esté en Buenos Aires, Estocolmo o en un
pueblito serrano. Es más posible encontrarse con uno mismo en un lugar
como este, pero también hay que desear hacerlo. Estamos educados para
la distracción, para la evasión de las verdades fundamentales, esto nos
hace infelices, estemos donde estemos.
P: Una última pregunta: ¿Aprendiste a estar con vos
misma?
R: Decirte que sí, sería una arrogancia, lo que puedo
responderte es que sé qué quiero y adónde voy. Esto me hace sentir un
grado de plenitud y el sentimiento de que el "el mundo no me debe
nada".
P: Esta
sí es la última ¿Cuánto hace que vivís en San Marcos?
R: Tengo dos respuestas: Una es que hace 20 años que vivo aquí.
La otra es que cuando llegué a San Marcos, en realidad sentí
que al fin había llegado.
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